viernes, 8 de abril de 2011

Mamá


En medio del campo de batalla, se oyen gritos. David piensa que ojala fueran gritos de esperanza, pero no lo son.

Los últimos bombardeos han destrozado la ciudad, ya no quedan supervivientes.

- Mamá, tengo miedo

- No te preocupes David, duérmete.

- Cuéntame un cuento, por favor mamá.

Sandra, la madre de David, se sentó a los pies de la cama para contarle una pequeña historia para que su hijo se durmiera, pero los bombardeos no cesaban. David temblaba, llevó sus manos a los oídos, su madre lo abrazó y despacio le apartó las manos de sus oídos.

- ¿Oyes eso? Es un barco pirata, el barco pirata más grande que te hayas podido imaginar, esta bombardeando a un barco lleno de gente rica.

- ¡Mamá! Es cierto, un barco tripulado por Barba negra ¿verdad? ¿Mamá?

No hubo respuesta de la madre de David.

***

Los bombardeos continuaban, en el campo de batalla se oían los gritos desolladores de los soldados que se habían quedado por el camino.

- ¡Soldado! Despierta, soldado, no puedes quedarte dormido, por el amor de Dios. Estamos en media guerra. Vamos soldado.

David se había dormido, hacía demasiado tiempo que no dormía en una cama decente, que no comía la comida de siempre, la de su madre.

La recuerda a todas horas, a todos minutos y desea con todas sus fuerzas volverla a ver. Deben terminar con la guerra, matar al enemigo es el único objetivo que debe cumplir David. Si resiste podrá volver a abrazar a su madre.

Se encontraba solo en el campo de batalla, los disparos no cesaban, le dolían los pies y casi no podía respirar. Solo vivía para poder volver a ver a su madre.

- A cubierto, soldados. ¡Hemos terminado con el enemigo! ¡ Nos vamos a casa!

‘’ A casa…’’. David podría volver a su casa.

***

Durante el viaje a casa David recordaba a su madre.

‘’ Nació en 1961, desde entonces tiene unas ojeras que nunca oculta, nos engaña diciendo que son producto del amor.

Su carrera se ha basado en la persuasión, me convenció que comer pescado me haría más guapo. Imaginación no le falta, no.

La llamas si está, siempre está. Por eso no me he convertido en el imbécil que podía haber llegado a ser. Debería darle las gracias a mi padre por haberla elegido, es un genio.’’

Hacia cinco años que David no estaba en casa. Suspiró nervioso. No sabia si entrar o no, si su madre lo recordaría o no.

Se adentró en la pequeña casa, y todo estaba tal y como lo recordaba. Allí estaba ella, sentada en el sofá.

- Hola mamá.

Su madre se levantó del sofá, se acercó a su hijo y se arrodilló ante él, dándole la mano y llorando como una niña pequeña.

Allí estaba, tan preciosa como David la recordaba. Las arrugas habían aumentado. Pero seguía preciosa.

- Mamá, no llores. He vuelto para quedarme.

- Mi hijo, mi pequeño hijo.

David izo que su madre se levantara del suelo.

- He llegado lejos gracias a ti mamá. Mamá gracias por no dejarme convertir en un imbécil, perdóname por todas las veces que te he hecho llorar, sé que renunciaste a tantos sueños por mi, te lo agradezco tanto. Espero que esto te haga sonreír y que siempre estés orgullosa de mi.

La madre no podía dejar de llorar, abrazó a su hijo con todas sus fuerzas, lo vio tan mayor, tan guapo. Lo quería más que a su vida.

Recuerda cuando se lo miraba desde la cuna, junto a la cama no lo dejaba nunca solo.

Lo besaba en la cara, lo besaba en la frente, besos de una madre, lo más grande del mundo.

Y es que una madre es la que te guía, la que no le importa mostrar sus ojeras, causadas por una mala noche. Lo único que quiere una madre es que su hijo tenga siempre lo mejor. La que te apoyará siempre. La que pese a todo, siempre tendrá un te quiero para regalarte.

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